Medios de comunicación y delincuencia: amplificación del miedo y creación de estereotipos

Pese a que las cifras de delitos están estancadas estadísticamente, la percepción ciudadana parece estar muy por sobre lo que indican los datos. Esto no solo revela una distorsión de la realidad, sino también da cuenta de una administración mediática del miedo, que construye estereotipos y temores infundados.

Uno de los principales temas de los noticiarios y periódicos es la delincuencia. Robos, asesinatos o los últimamente los llamados “portonazos” se multiplican día a día en la prensa local. Paralelamente los representantes del mundo político ofrecen leyes para “frenar a la delincuencia” o para “endurecer las penas” y los ciudadanos generan instancias como los “cacerolazos”, en protesta por la falta de medidas que controlen la situación.

En este contexto, las cifras oficiales indican que Chile es el país más seguro de Latinoamérica, con una tasa de tres homicidios por cada cien mil habitantes al año, cifra muy distante de los 25 asesinatos por cien mil habitantes que se producen en promedio anualmente en Sudamérica. Además, según los datos del primer trimestre entregados por la Subsecretaría de Prevención del Delito, entre 2014 y 2015 han bajado los casos policiales en los Delitos de Mayor Connotación Social en un 2,8 por ciento.

Pese a estos números, según la última encuesta CEP un 84 por ciento de los consultados dice estar preocupado de ser víctima de un asalto con violencia; un 71 por ciento se siente insatisfecho con el funcionamiento de la seguridad ciudadana; y un 60 por ciento cree que la delincuencia es el principal problema en el que debería enfocarse el Gobierno.

¿Por qué existe esta discordancia entre las cifras y la percepción ciudadana? ¿Cuáles son los riesgos asociados a ello? Según el académico del Instituto de la Comunicación e Imagen (ICEI), Claudio Salinas, se estaría generando una “administración mediática del miedo”. El investigador advierte que “desde la década del 1930 que se viene demostrando que hay asociación entre los medios y la generación de miedo”, no operando con los datos de la realidad. Salinas ejemplifica con los llamados “portonazos”: “ocurren cinco o diez diarios en una población de 17 o 18 millones de habitantes, lo que no significa que estemos en el oeste de los western, porque Chile sigue siendo de los países con menos crímenes con violencia”.

Según observa el profesor del ICEI, en las coberturas mediáticas “se incluye a pseudointelectuales que indican que la percepción del miedo es igual al miedo, algo que es falso. Puedes percibir que el mundo sea amenazante, pero puede que no lo sea. El clima general es un clima de temor a todo y lo más a mano es el delito común, pero por el lado pasan muchos otros temas. Nadie observa lo que pasa con SQM o la relación entre política y negocios.”. Lo más grave, indica el académico, es que genera efectos en las personas quienes concuerdan con lo mediático y no confrontan los datos de la realidad con lo que ven en las noticias.

Creación de estereotipos

Para la académica Alejandra Mohor del Centro de Estudios en Seguridad Ciudadana del Instituto de Asuntos Públicos (INAP), el tratamiento mediático de este tema genera otras externalidades negativas al construir una “realidad comunicacional de la delincuencia” con un perfil específico del delincuente que apuntaría a la población que tiene mayores niveles de deserción escolar, donde están las más altas tasas de desempleo. El perfil, señala Mohor “permitiría establecer claramente un sector social sumamente vulnerado en sus derechos y muy carenciado”, el cual es retratado por los medios de forma incluso caricaturesca.

Para la académica del INAP “la prevención es elemental para dejar de construir estos estereotipos; sin mejoras sociales no terminaremos nunca con los perfiles y no acabaremos nunca con el problema”.

Mohor agrega que no se puede continuar con la tendencia “de pensar en las políticas públicas como políticas del castigo a quienes delinquen sin pensar en otras aristas, con el fin de paliar la exagerada sensación de abandono por parte del Estado que sienten las víctimas de delitos”. La investigadora puntualiza que “no resulta sano para una sociedad el dejar pasar a la percepción aumentada de la delincuencia como algo natural porque normaliza una conducta de temor permanente que también afecta en las políticas, dado que vemos cómo diputados, senadores y personeros de Gobierno también se meten en estos temas”.

Finalmente, el profesor Salinas indica que el criterio con el que opera el Gobierno es con los lineamientos de Paz Ciudadana, “y me llama la atención porque la agenda política infla estos temas” y que eso pasa también con los medios que “muestran con espanto al tipo que estafa a una abuelita arreglando mal un calefón, pero no hacen un periodismo de investigación que visibilice el desfalco de cómo nos roban una serie de instituciones todos los días”, concluye.

 

 

Fuente: Medios de comunicación y delincuencia: amplificación del miedo y creación de estereotipos – Universidad de Chile

Un poco de humanidad, por favor 

¿Cómo puede haber gente que en su sano juicio justifique matar a un delincuente por el robo de un auto? “bien muerto”, “se lo merecía”, “no quedaba de otra” dicen algunos para validar el asesinato de ladrones, para dar brío a palizas que aniquilen al que trató de quitarme lo propio.

¿En qué nivel de falta de humanidad estamos, de ausencia de sensibilidad, de sentido común?. El lunes, el Juzgado de Garantía de San Bernardo dejó en prisión preventiva a un padre y su hijo por, presuntamente, dar muerte al hombre que les robó un auto, a quien –según testigos- persiguieron por más de un kilómetro y medio hasta detener para luego golpear con un palo y rematar en el suelo. Según la jueza Magdalena Casanova, el relato de los testigos se condice con las lesiones del muerto, por lo que dictó una investigación por homicidio simple. Siguiendo esta tesis ¿Por qué no detenerlo, ya rendido, hasta que llegue la Policía? ¿Por qué no subirlo al auto e ir a dejarlo a Carabineros? ¿Por qué está la necesidad de venganza, de ensañamiento, de hacer valer el peso de la captura, de demostrar con la mayor de las violencias el rol del que dispone? Se podría entender el descontrol de una víctima al calor del forcejeo, del enfrentamiento, de la legítima defensa, pero este no es el caso. Según la Jueza, no fue un robo con intimidación y tampoco hubo legítima defensa, porque “no hubo una acción de repeler un mal inminente”, sino captura y venganza. Pero más allá de este caso, de lo que diga la investigación sobre la culpabilidad o inocencia de los imputados, lo que duele es la forma en que la violencia ha impregnado el espíritu de las personas ante este tipo de situaciones. Cuando en los comentarios de un sitio que cuenta la noticia alguien comenta “bien la jueza, no hubo legítima defensa”, aparecen veinte respondiendo que “debería pasarte a ti a ver si opinas lo mismo”, “ojalá te roben y te maten CTM”, “seguramente ya eres delincuente, por eso tu comentario”. ¿Tanto abandono de la razón hay en el país que no hay lugar para entender que la violencia, la venganza y el abuso frente a otro puede ser un despropósito? Duele comprender el salvajismo al que las relaciones humanas han llegado cuando la alevosía pasa a ser considerado un valor en sí mismo. Porque, debe ser muy desesperante y triste llevar en la frente el “Matar a todos”, la clave de las ideologías más perversas, como una marca ante la vida. ¿De verdad estamos entendiendo lo que significa matar, quitar la vida, cuando alentamos el asesinato de un ladrón en una circunstancia no apremiante? Duele comprobar la vehemencia con que compatriotas, vecinos, izan la bandera del crimen como la solución para alcanzar la paz, para que no se metan con mis bienes, para que dejen de correr peligro mis autos. No es novedad que Chile es un país enfermo, un país fundado en la burla a los explotados, en las trabas de los peces gordos a los chicos que construyen su crecer, en el abuso a los que sólo buscan vivir, pero lo que descoloca es comprender la instalación de esa enfermedad en el sentido más común de nuestros amigos. Descoloca no permitir el espacio de la duda, no detenerse a pensar en que quizás sí está mal que se mate a un ladrón por el puro afán de la alevosía. Descoloca no detenerse a ver que el germen de la violencia, ese que mueve a mucha más gente que a los que llegan a la delincuencia, está metido hasta los huesos de las personas más cercanas. Este texto no tiene el más mínimo afán de “defender a los delincuentes”, por favor, si está creyendo eso, créame que no es así. Yo tampoco soy un delincuente y ni siquiera estoy dando el debate sobre lo que es la delincuencia, sus causas y lo que hay que hacer para solucionarla. Tampoco se obvian las legítimas críticas al funcionamiento del sistema de justicia. Lo único que quiero proponer es un poco de pausa, de paz, para entender lo dramático, lo terminal, lo abismante de un país que comienza a funcionar en la lógica de la muerte, de la venganza interminable, del ajuste de cuentas ad eternum, como fórmula de diálogo. A todos descoloca la prisión preventiva de dos hombres afectados por un robo, pero sería a lo menos sano que también a todos descoloque la saña, la muerte y la realización de un deseo –el de justicia- en el término de la vida del otro. Un poco de humanidad, por favor. Un poco más de aprecio a las personas que a los autos. Un poco de pavor para mirar que así, alentando con vehemencia el valor de la paliza, nos vamos a terminar matando entre todos.

 

Fuente: Un poco de humanidad, por favor | Noesnalaferia